Francisco Padilla Nuñez
El temor a ser rechazado es un tema muy frecuente en la oficina de los psicoterapeutas; y últimamente lo he visto mucho en mi consulta como psicólogo. Se trata de un fenómeno complejo, no tiene una explicación única, pero intentaré aclarar lo que entiendo acerca de ese miedo.
Comencemos con el miedo; se trata de una emoción universal que experimentamos ante la presencia de una amenaza. El miedo ayudo a nuestros antepasados más primitivos a sobrevivir ante un medio hostil, les permitió mantenerse alerta ante cualquier potencial peligro. Esto, aunado a los inicios de la convivencia de seres humanos en “grupos” o “tribus” permitió que las probabilidades de supervivencia aumentaran aún más. Entonces, pertenecer a un grupo se volvió un aspecto evolutivamente relevante para la supervivencia. Pertenecer a un grupo brindaba un sentido de seguridad que difícilmente pudiese lograrse a través de otros mecanismos.
Conforme fuimos evolucionando, las amenazas dejaron de ser meramente “físicas” y “primitivas” y se transformaron con la cultura, que, a su vez, evolucionó la forma en la que nos relacionamos. Comenzaron a surgir reglas de convivencia y prácticas que a su vez aseguraban la supervivencia y permanencia del grupo. Para pertenecer, esas reglas y prácticas tenían que ser respetadas. A cambio, se obtenían recursos, protección y supervivencia. No obstante, la cercanía física y la convivencia comenzaron a generar conexiones entre personas. Pertenecer dejo de ser una cuestión de solo supervivencia y se convirtió en una cuestión de vinculación afectiva. Pertenecer implicaba sentirse querido y aceptado. Ser rechazado implicaba no tener acceso a recursos que aseguraban la supervivencia. Estar solo, en sí mismo, era ya amenazante.
El desarrollo evolutivo nos ha programado para buscar el contacto con los otros, nuestra biología, nuestros aprendizajes como especie nos dejan ver que estamos hechos para conectarnos, y nuestro sistema nervioso ya viene configurado de fábrica para ser sensible al ambiente en el que se va a desarrollar, sobre todo sensible a la convivencia con otros. Somos seres sociales, reaccionamos a las reacciones de otros y les necesitamos para sobrevivir. Nuestro organismo está hecho para aprender a comunicarnos con otros y aprender a interpretar el mundo a nuestro alrededor.
Volviendo Al Tema En Cuestión: ¿Por Qué El Miedo A Ser Rechazado?
Ser rechazado es perder un vínculo afectivo o la posibilidad de vincularnos con otros de manera significativa. Es perder la posibilidad de establecer contacto con otro que nos haría bien física y emocionalmente. Esto nos genera mucho temor porque evolutivamente representa una amenaza para nuestra supervivencia, pero, sobre todo, porque perdemos la oportunidad de experimentar algo que nos resulta muy valioso: El afecto de otros.
Quizás en este momento te preguntes “Si el miedo al rechazo nos ayudó a sobrevivir ¿No todos experimentamos miedo al rechazo?”. Mi respuesta es: “si”. Todos tenemos temor al rechazo. Algunos en mayor o menor medida. Es una experiencia normal. Como seres humanos, tenemos la necesidad de pertenecer y sentirnos aceptados por nuestros seres significativos. No obstante, hay personas para las que representa un verdadero calvario; sufren física y emocionalmente porque el miedo es muy intenso, llevándoles muchas veces a no poder vivir la vida que quisieran.
A la hora de convivir, estas personas pueden llegar a experimentar mucha vergüenza/miedo, malestar físico (como mareos, sudoración, taquicardia, dolor de estómago, entre otros) y pensamientos muy negativos con respecto al futuro y como los ven los otros. Muchas veces temen a equivocarse y hacer el ridículo, por lo que se aíslan, dejan de convivir con otros, se exigen comportarse de manera perfecta en diversas situaciones o en algunas situaciones buscan huir del malestar usando alcohol u otras sustancias. Experimentan algo a lo que se llama ansiedad social (que curiosamente, tiene mucho que ver con el temor al rechazo).
Ahora Bien, ¿Qué Determina Que Una Persona Tenga Ansiedad Social Y Otra No?
Son muchos factores, pero creo que uno crucial y muy influyente en el desarrollo de la ansiedad social es nuestra historia de vida y la manera en la que nuestros cuidadores y otras personas a nuestro alrededor se relacionaron con nosotros. Los gestos de los otros y el trato durante nuestra infancia y adolescencia son cruciales para nuestro desarrollo emocional y neurológico. Como niños, necesitamos sentirnos vinculados con nuestros otros significativos, porque nos otorgan una seguridad/estabilidad que influye en el funcionamiento habitual de nuestro organismo.
Un niño que vivió rechazo es un niño cuyo organismo se acostumbra a experimentar ansiedad en situaciones de convivencia, porque aprende a anticiparse en situaciones desconocidas a partir de lo que ya vivió en el pasado. Es un niño que fue etiquetado o juzgado duramente y constantemente por otros a su alrededor por “desperfectos” físicos o por su forma de ser. Esto deriva en un aprendizaje muy fuerte donde el menor, por evitar la crítica, aprende a evitar discusiones incomodas, situaciones sociales (parecidas a las que generaron el malestar por primera vez) o se sobre-esfuerza por no equivocarse, no solo en el contexto aprendido, si no en los que se le parezcan. Estas formas de hacerle frente a sus temores resultan efectivas a corto plazo, pero a largo plazo generan muchas más perdidas y consecuencias negativas que los beneficios que puedan tener. Dicho aprendizaje se generaliza a otros contextos y se prolonga durante la vida adulta, creando problemas como los ya mencionados.
Como terapeuta he podido conocer personas que se sienten avergonzadas por considerarse defectuosas en temas como su imagen corporal, su peso, su orientación sexual o simplemente por expresar vulnerabilidad. Estas características que se interpretan como “defectos” tienen una carga emocional muy fuerte que se deriva de las expectativas de los grupos a los que la persona perteneció a lo largo de su vida. Recordemos que para pertenecer a un grupo hay que contar con una serie de atributos y cumplir con una serie de requisitos.
Sin embargo, dentro del mismo grupo también es necesaria la diversidad y la aceptación del otro como un individuo único, para que el grupo pueda existir. El problema radica cuando en nuestros grupos primarios (principalmente la familia) se priorizan las expectativas por encima de la identidad del otro. Donde se condiciona la aceptación y el apoyo al otro solo por no cumplir con dichos requisitos.
¿Y Qué Se Puede Hacer Con El Miedo Al Rechazo?
Temerle al rechazo es normal, pero, cuando el miedo nos rebasa, nos limita, nos paraliza, cuando perdemos nuestra funcionalidad y bienestar, cuando la forma de afrontarlo nos trae más problemas que soluciones, entonces lo mejor es buscar ayuda profesional y darse una vuelta con un buen psicoterapeuta.
¿Cómo Puede Ayudarte Un Psicoterapeuta?
En terapia se aprende a afrontar el miedo al rechazo de formas más efectivas y se busca llevar a la persona a acercarse a la vida que desea y que por temor no ha podido tener.
Es importante señalar que las herramientas aprendidas en psicoterapia no eliminarán el miedo, sino que nos enseñarán a aceptarlo, a hacerle un lugar en nuestra vida y a tomarlo de la mano mientras nos acercamos a los otros. Nos enseñará a afrontar las críticas de una manera asertiva y productiva. Aprenderemos a ser más amables con nosotros mismos y a aceptarnos de forma incondicional para poder mostrarnos a los otros tal cual somos y poder contactar con aquellos que nos aceptan y nos quieren por quienes somos.
No te juzgues si vives con miedo al rechazo, todos lo hacemos, si crees que interfiere en tu vida y con tus objetivos, busca ayuda, verás que puedes aprender a gestionar dichos miedos, a moverte hacia tus objetivos, a aceptarte tal como eres y a convivir mejor con los otros.
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