Francisco Padilla Nuñez

“Francisco tiene dos meses de novio con Lucia. Se conocieron en la universidad, en la fiesta de bienvenida. Su relación había sido muy agradable, hasta hace poco que Francisco comenzó a tener problemas. Francisco se siente muy enamorado, sin embargo, cuando Lucia se aleja o no le contesta los mensajes, Francisco comienza a sentirse ansioso. Nota que hay ocasiones en las que dentro de él crece una desesperación enorme y comienza a pensar en escenarios muy catastróficos. Se imagina a Lucia en sus clases de karate conociendo a otros chicos mucho más atractivos que él, intentando seducirla. A veces también se imagina que Mark, el mejor amigo de Lucia, está enamorado de ella e intenta convencerla de dejar a Francisco por él. Otras veces, simplemente se imagina que algo malo le sucedió a Lucia y que puede haber muerto o desaparecido. Esto se ha convertido en un calvario para Francisco, que ante las dudas, busca una y otra vez la reafirmación de que Lucia lo quiere. Se encuentra preguntándole constantemente si de verdad quiere estar con él y últimamente, ha sentido el impulso de llamarla para saber qué hace, con quien esta y si esta segura. Esto ha llevado a que Lucia se sienta abrumada, por lo que decidió pedirle un tiempo. Es entonces que Francisco decidió buscar ayuda…. ”

Si te identificaste con lo que le sucede a Francisco, primero quisiera decirte que no estás solo. El miedo al abandono es una experiencia (que desafortunadamente) es muy común en consulta y que genera en las personas un malestar intenso y una serie de comportamientos problemáticos. Esto muchas veces genera una confusión e incomprensión, no solo en las personas que nos rodean, sino también en nosotros mismos. Es por eso que hoy quiero darme a la tarea de compartir aquello que conozco sobre el miedo al abandono, desde lo que he leído, he vivido y lo que he aprendido de los consultantes que me han dado la oportunidad de acompañarlos en su trayecto a la vida que desean construir.

El miedo al abandono (como muchos de nuestros temores) surge de nuestra historia de vida. Cuando somos pequeños, dependemos de nuestros padres para satisfacer nuestras necesidades, no solo físicas si no también emocionales. Una de las necesidades más importantes durante este periodo es la necesidad de estabilidad y seguridad. Cuando somos pequeños, es necesario que nuestros cuidadores sean constantes y que atiendan a nuestros llamados de ayuda, que inicialmente, se hacen a través del llanto. Estos llamados tienen que ver con una necesidad ya sea de alimento, higiene, sueño o seguridad.

A medida que vamos creciendo, vamos aprendiendo a comunicar nuestras necesidades de otra forma y al mismo tiempo, vamos desarrollando habilidades para volvernos autónomos. No obstante, nuestro nivel de autonomía aún no es lo suficientemente maduro como para hacernos cargo de nosotros mismos, por lo que seguimos necesitando la presencia de nuestros cuidadores. Es por esta dependencia infantil que cualquier llamado que no sea atendido es entonces vivido como una amenaza a nuestra seguridad e inclusive, a nuestra supervivencia.

Creo que resulta importante recalcar que nuestro cerebro (encargado de regular nuestras necesidades y sensaciones físicas) reacciona ante las amenazas del medio activando lo que por cuestiones prácticas llamare nuestro “sistema de alarma”. Aquí aparece una reacción física intensa a la que conocemos como “miedo” y que tiene una función evolutiva que es el protegernos de aquello que resulta amenazante. Sensaciones físicas como palpitaciones, dolor de pecho, sudoración o respiraciones agitadas son respuestas fisiológicas características del miedo y que básicamente buscan prepararnos para afrontar una amenaza. Te preguntaras ¿Qué tiene esto que ver con el abandono? Pues mucho. El abandono durante la infancia se percibe como una experiencia amenazante, puesta que un niño es vulnerable y esta indefenso ante muchas situaciones o necesidades. Es por esto que cuando se deja a un niño solo por mucho tiempo, su respuesta de llanto comienza a incrementar, debido a que experimenta un malestar y la respuesta cada vez más intensa busca la atención de su cuidador.

Ahora, quizás a todos en algunos momentos nuestros padres nos desatendieron y eso no significa necesariamente que temamos al abandono de manera intensa. ¿Qué tiene que suceder entonces para que este miedo se aprenda? Lo delimitare a dos situaciones específicas:

  1. La experiencia de abandono tiene que suceder de manera frecuente y prolongada
  2. La experiencia de abandono tiene que ser súbita, dolorosa y traumática (como la muerte de un ser querido o un divorcio conflictivo)

Cuando alguna de estas situaciones sucede, es entonces que comienza un proceso de aprendizaje en donde intentamos explicarnos (muchas veces) por qué la persona que amamos se alejó de nosotros. No obstante, como dicha situación se dio durante nuestra infancia y nuestro pensamiento en esa etapa no era lo suficientemente maduro para comprender muchas cosas, terminamos atribuyéndonos el abandono a nosotros mismos. Pensamos que fue nuestra culpa, que somos insuficientes, poco queribles, malos o defectuosos y que por eso la persona que amamos no está con nosotros o se fue para siempre. Empezamos a formarnos un concepto erróneo de nosotros mismos y el miedo a que nos abandonen comienza a generalizarse con otras personas. Las sensaciones físicas (generadas por el abandono) y los pensamientos negativos sobre nosotros mismos se asocian y comienzan a aparecer juntos ante situaciones que se parecen a las que originaron nuestro miedo. Ahora, cada vez que papá se va al trabajo o que mamá sale de viaje, cada vez que te quedas solo en casa o que tu hermano no contesta las llamadas, aparecen esos pensamientos y ese malestar tan intenso.

En este momento, quizás te digas, va… los estoy entendiendo, pero ¿Por qué reaccionamos así a ese malestar? Como toda experiencia y malestar nuestro organismo está diseñado para afrontar obstáculos y resolver problemas. Es bien sabido por aprendizaje y como reacción normal aprendemos a huir del dolor o a buscar eliminarlo. Cuando aparece una dificultad, entramos en modo “resolución de problemas” y buscamos resolver lo que nos obstaculiza. He aquí donde desde pequeños, comenzamos a buscar formas de hacerle frente al dolor. Quizá, cuando éramos pequeños y papá no llegaba del trabajo veíamos como mamá le marcaba incesantemente o quizá cuando nos decían que mamá no iba a regresar (porque se había ido al cielo) nos echábamos a llorar hasta quedarnos dormidos. He aquí otro proceso de aprendizaje. Comenzamos a ver como los demás le hacen frente al dolor para imitarlos o comenzamos a desarrollar estrategias propias para afrontar el abandono. Curiosamente, dichas estrategias comienzan a funcionar y nos ayudan a hacerle frente a nuestra situación presente. Y lo que nos funciona, lo repetimos….

Entonces, vamos creciendo y en los momentos que aparece el miedo al abandono, repetimos las estrategias que aprendimos o vamos aprendiendo algunas nuevas con el mismo propósito: Eliminar, evitar o controlar el dolor. Comenzamos a beber alcohol, a consumir drogas, a evitar relacionarnos de manera amorosa, a aislarnos de convivir de forma íntima con otros y a hacer muchas cosas más con tal de no sentirnos mal. O por otro lado, nos enamoramos, establecemos relaciones pero comenzamos a cuestionar a la otra persona, a controlar sus salidas y a buscar que nos reafirme una y otra vez que nos quiere. Queremos controlar lo que sucede, porque si no lo hacemos, nos van a dejar. A corto plazo, esto parece funcionar muy bien. Beber nos nubla del dolor y aislarnos nos evita sentir el miedo de enamorarnos y ser abandonados después. Controlar lo que sucede nos da la sensación de seguridad, de que mientras las cosas se hagan como digo en la relación, todo estará bien.

No obstante, cuando el tiempo comienza a pasar comenzamos a tener problemas. El alcohol nos lleva a situaciones indeseables. Nos sentimos solos cuando vemos a nuestros amigos tener pareja. Comenzamos a tener discusiones con nuestra pareja y llegamos a donde Francisco llego. Nuestro comportamiento nos lleva a crear una profecía autocumplida: Sentirnos solos o abandonados.

Quizás en este momento estés pensando “Carajo…. ¿Entonces como se le hace para afrontar el abandono? Creo que la primera y la mejor respuesta que puedo darte es acudir con un profesional de la salud, específicamente, con un terapeuta que trabaje con enfoques basados en evidencia. Cuando tenemos miedo al abandono hay todo un proceso de aprendizaje que hacer. El proceso te dará herramientas para que aprendas a relacionarte de otra forma con tus experiencias privadas (emociones y pensamientos). Aprenderás a no reaccionar a ellos (como lo aprendiste a lo largo de tu vida) si no a responder de otras formas más sanas. Responder es actuar de forma consciente y congruente a lo que necesitas y deseas, sin buscar eliminar el dolor, si no haciéndole frente de forma responsable. Es importante aclarar que el pasado no se puede cambiar, pero que se puede aprender a hacerle frente al dolor y a manejarlo de otra forma. Claro, el dolor se volverá más tolerable y el malestar físico disminuirá. Aprenderás a ser más amable y responsable contigo mismo y a confortarte mientras buscas eso que los que tememos al abandono deseamos: Conexión con el otro.

Por otro lado aquí te dejo unas cuantas sugerencias para que aprendas a hacerle frente al dolor por ti mismo. Recuerda: Nada sustituye a la ayuda profesional.

Establece Tiempo Para Ti

Cuida de ti mismo. Si estas en una relación y te angustia no saber de tu pareja mientras están separados, llamarle constantemente o controlar sus actividades no te llevara a ningún lado. Establecer un tiempo para ti donde practiques actividades que te sean placenteras y con otras personas te ayudara a quitar el foco de la relación por un rato. Recuerda, es sano tener una vida más allá de la relación.

No Apresures Tus Ligues

Si decidiste salir y conocer a alguien, felicidades. Será muy importante que conozcas a la persona con la que estas saliendo antes de decidir establecer una relación. Será importante que conozcas las intenciones de esa persona contigo y que sea una persona emocional y físicamente disponible para ti. Necesitas una persona que este contigo y te apoye en momentos difíciles. Si te sientes muy atraído por él/ella pero trabaja de forma excesiva, tiene ya una relación con otra persona, se desaparece por días después de una cita o te deja de contestar llamadas y mensajes, quizás lo mejor sea buscar por otro lado. Estar en una relación donde la otra persona no esté disponible para ti solo te lastimara.

Practica Meditación O Mindfulness

Esta es una herramienta muy potente para aprender a desengancharte de tus reacciones fisiológicas y de tus pensamientos negativos. Claro, no sustituye a una psicoterapia pero es una herramienta que complementa muy bien ese proceso. Aprender a experimentar las emociones y a sentir lo que está pasando, sin huir de ello, juzgarlo o controlarlo te ayudara a actuar de forma consciente y congruente con tus valores. Meditar o hacer mindfulness requiere práctica y constancia. Recuerda que el objetivo no es sentirse bien, si no sentir bien.

Bibliografía:

“Love me, don´t leave me – Michelle Skeen (2014)”

https://www.facebook.com/InstitutoARCAmx

https://www.linkedin.com/company/arca-instituto-de-psicoterapia-y-an%C3%A1lisis-de-la-conducta/

https://www.instagram.com/arca.instituto/

https://open.spotify.com/show/5hpXjXnTzm3Hn2s0HJVOVT?si=3d59651f05f64ef3&nd=1

Escanea el código